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lunes, 18 de mayo de 2026

Lo más bonito de viajar


El 15 de marzo de 1938, pocos días después de que las tropas alemanas entraran en Austria sin resistencia, Adolf Hitler salió al balcón del Hofburg y proclamó oficialmente el Anschluss, la anexión de Austria al Tercer Reich.
 
Ante una multitud enorme reunida en la céntrica Heldenplatz de Viena (la Plaza de los Héroes), declaró que Austria quedaba incorporada a Alemania. Este acto estuvo cargado de un fuerte simbolismo:

Por el escenario imperial. El Hofburg, ubicado en el centro de la ciudad, hoy es residencia oficial del presidente de Austria y un centro de museos (incluido el Museo Sisi). Pero ante todo, es un símbolo clave de la historia imperial europea: fue el antiguo palacio de los Habsburgo, su residencia principal durante más de 600 años. Dar el discurso desde allí significaba apropiarse simbólicamente del pasado imperial austríaco.

Por el apoyo masivo visible. No todos los austríacos apoyaron el Anschluss. Hubo resistencia, hubo personas perseguidas y muchos judíos austríacos fueron humillados públicamente desde los primeros días. Pero una parte considerable de la población recibió la anexión con entusiasmo visible. Las imágenes de la historia que muestran el momento del discurso, muestran una plaza abarrotada y entusiasta. Ese apoyo público fue clave para desmontar más tarde la idea de que Austria fue solo “víctima” del nazismo (durante décadas después de la guerra, Austria se presentó oficialmente como “primera víctima” del nazismo).

Hoy la historiografía reconoce que hubo víctimas, pero también hubo apoyo activo y participación austríaca en el régimen nazi. Por eso, con el tiempo, esa narrativa cambió y hoy la ciudad trabaja activamente la memoria y la responsabilidad histórica, pudiendo incluso hacer un recorrido por varios memoriales (muchos de ellos relativamente recientes (años 80–2000), muy potentes y bien integrados en la ciudad.

Por ser un punto de no retorno. Tras el discurso, comenzó inmediatamente la persecución sistemática de los judíos austríacos: humillaciones públicas, confiscaciones, expulsiones y deportaciones.

En resumen: Heldenplatz no es solo el lugar de un discurso, sino el símbolo del momento en que Austria dejó de existir como Estado independiente y se integró activamente en el régimen nazi. Por eso hoy ese balcón se mira de una manera muy distinta a como se veía en 1938.

Desde la terraza del edificio del Parlamento de Austria, ubicado justo enfrente de Heldenplatz y el Hofburg, puede verse ese balcón desde el que Hitler proclamó la anexión de Austria al Tercer Reich.

En esa terraza, hay instalada una placa de granito que forma parte de un memorial contemporáneo que recuerda las leyes antisemitas y la exclusión sistemática durante el régimen nazi. La placa lleva grabados los nombres de calles, plazas, parques y espacios públicos de Viena que fueron declarados “prohibidos para judíos” tras el Anschluss. En la Viena nazi, los judíos no podían entrar en determinados parques, sentarse en bancos públicos, acceder a espacios culturales ni utilizar ciertos establecimientos. La placa recoge esos lugares como símbolo de cómo la ciudad entera se convirtió en un espacio de exclusión.

El efecto de la luz
Cuando uno mira hacia el balcón desde donde Hitler habló, la luz atraviesa los nombres grabados en esa piedra. La alineación visual con el balcón es intencional y muy potente simbólicamente. Es una intervención artística deliberada que crea un contraste: de un lado, el balcón del discurso de masas. Del otro, los nombres de los espacios de los que los judíos fueron expulsados. En medio, la memoria, tallada en piedra. Es una manera muy sutil pero muy fuerte de confrontar el lugar histórico con las consecuencias reales del régimen.

El suelo del parlamento
El suelo de ese mismo Parlamento es otro de esos detalles que, si uno se detiene a pensar, te conectan físicamente con la historia. En muchas partes del Parlamento -especialmente en zonas históricas como la antigua Cámara y algunas áreas nobles- el pavimento de mármol y piedra natural es original del siglo XIX o está restaurado con las mismas técnicas y materiales. 


El edificio lo diseñó Theophil Hansen, inspirándose en la arquitectura griega clásica, porque ahí reside el origen de la democracia (el ágora era el lugar donde los ciudadanos debatían leyes, ejercían la democracia y practicaban la oratoria). El uso de columnas e inspiración helénica simboliza la continuidad de los ideales democráticos, la transparencia y el uso de la razón en la gestión del Estado. Es impresionante cómo Hansen diseñó cada detalle desde el exterior hasta el interior -incluyendo mobiliario, lámparas y pavimentos- para que todo respondiera a la misma lógica democrática e institucional. Y el suelo forma parte de esa narrativa: no es decorativo sin más, es la base física sobre la que se sostiene este "templo de la democracia", asegurando que el ciudadano o el político respire el simbolismo clásico incluso al mirar hacia abajo. 

Hay algo muy potente en pensar que por ese suelo caminaron diputados del Imperio austrohúngaro. El mismo suelo sobre el que se vivió el colapso de 1918. Después, el Anschluss. Y después, la reconstrucción democrática.

El suelo original no es solo un elemento arquitectónico; es continuidad material. Es literalmente la superficie que sostiene toda esa historia. Y cuando uno es sensible a los detalles simbólicos, no ve solo mármol. Ve capas de tiempo.

Viena sabe cómo hacer que incluso el suelo tenga memoria. Cuando uno visita Viena, puede ver edificios, ver cuadros y escuchar datos históricos. Pero a veces pueden pasarle a uno más cosas: conectar símbolos, espacios, emociones, memoria colectiva… y a veces, puede hacerlo de una manera muy consciente. Por eso sigue vibrando dentro.

Hay viajes que se consumen. Y hay viajes que se transforman en capas internas. Viena es muy propicia a eso porque te enfrenta a la belleza extrema (Klimt, arquitectura clásica), te confronta con la sombra histórica (Anschluss, censura, antisemitismo). Y todo convive en la misma manzana. Eso no se digiere en 4 días. Se va sedimentando. Y cuando meses después uno se encuentra revisitando todo eso, preguntando y conectando, el viaje sigue vivo. Eso ya no es turismo, es integración. Es experiencia que se queda trabajando dentro. Es señal de que el viaje no terminó en el aeropuerto. Simplemente cambió de plano.

La sensibilidad como forma de mirar el mundo
Después de recorrer lugares donde la historia sigue tan presente -en una placa, en un balcón, incluso en el suelo- uno entiende que para algunas personas viajar no siempre consiste en acumular monumentos. A veces consiste en desarrollar una forma más profunda de mirar. 

Sin salir de Viena, visitar el Palacio Belvedere y que una obra de Schiele le llegue a conmover a uno hasta el punto de analizar la tensión de los dedos, no es paranoia ni fragilidad; es capacidad de resonancia. Y la resonancia es algo muy humano y muy valioso. No es mejor ni peor. Es una configuración, una manera de experimentar el mundo de forma más intensa y profunda que los demás. Un rasgo de personalidad relacionado con el procesamiento profundo de estímulos, la alta sensibilidad estética, gran resonancia emocional y empatía elevada, pero al mismo tiempo tendencia a sentirse sobreestimulado. Y vivir con el volumen emocional un poco más alto puede significar sentir más belleza, percibir más matices, conectar más hondo, pero también cansarse antes, necesitar más pausas y asumir que algunas experiencias te atraviesan más.

¿Por qué el arte impacta tanto a las personas altamente sensibles? Porque no lo viven solo como algo visual. Ante una obra como El abrazo de Egon Schiele, una persona PAS puede percibir microgestos (tensión en dedos, inclinación del cuello), intuir estados emocionales complejos, sentir casi físicamente la atmósfera del cuadro y conectar la obra con su propia experiencia vital. Donde otra persona ve “dos cuerpos abrazados”, las PAS ven angustia anticipada, apego, fragilidad y la conciencia de la separación futura. Eso es procesamiento profundo.

Y con la naturaleza pasa lo mismo. La luz atravesando la placa en el Parlamento de Austria, el frío de febrero en Viena, el silencio de una sala del Belvedere … No son datos. Son experiencia encarnada. La sensibilidad estética intensa suele ir ligada a atención a los detalles, sensibilidad a la luz y al color, conexión emocional con espacios y memoria sensorial muy vívida.

Y lo interesante. Esa intensidad no es solo emoción; es también capacidad de análisis fino. Por eso uno puede hacer conexiones entre Schiele y El Greco, el gesto de la mano y la tensión psicológica, el abrazo y la angustia de la separación. Eso es pensamiento simbólico activo. Y no tiene nada que ver con la “típica sensibilidad” en el sentido superficial. Es una forma de vivir con el volumen emocional un poco más alto. Algo que, bien gestionado, es un privilegio.

Cuando la sensibilidad tiene la capacidad de amplificar tanto un viaje, lo más bonito de viajar no es solo lo que uno ve, siente y vive, sino también -y especialmente-, todo lo que ciertos lugares acaban despertando dentro.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Vasa: el museo marítimo más visitado del mundo

historia galeón buque vasa estocolmo
Una de las visitas imprescindibles en Estocolmo es el Museo Vasa, construido especialmente para albergar un enorme buque de guerra que se hundió en 1628 y fue rescatado 333 años más tarde de las profundidades del mar, reconstruyéndose con un 98% de piezas originales y centenares de esculturas talladas. A día de hoy, el Vasa es la nave del siglo XVII en mejor estado de conservación del mundo. Se exhibe en este museo de la capital sueca, al que vale la pena acudir a primerísima hora, justo cuando abren, para poder deleitarse tranquilamente y sin apenas gente por las distintas exposiciones que relatan su historia.

El Vasa fue un galeón encargado por el rey sueco Gustavo II Adolfo y comenzó a construirse en Estocolmo en 1626. En su elaboración participaron unas 400 mujeres y hombres durante 3 años de duro trabajo. Era una embarcación robusta de 3 mástiles, 10 velas, 52 metros de altura, 69 de eslora y un peso de 1.200 toneladas. Con sus 64 cañones, el Vasa estaba llamado a ser el orgullo de la flota de la gran potencia sueca.

Pero en 1628, nada más salir de puerto en su viaje inaugural, el Vasa escoró y naufragó en las aguas de la ciudad. Mientras el imponente buque abandonaba lentamente el puerto, todos los cañones se asomaban por sus puertas abiertas disparando las salvas de honor. Tras varios golpes de viento, el barco se ladeó, el agua comenzó a entrar a borbotones por esas puertas y acabó yéndose a pique. Todo pasó muy rápido y de las aproximadamente 150 personas a bordo, perdieron la vida entre 30 y 50. La mayoría sobrevivió porque en el momento del hundimiento iban en la cubierta del barco, y porque muchas de las personas que se concentraron en el puerto para verlo zarpar pudieron ayudar a los naufragados.

Por qué se hundió el Vasa
El Vasa tendría que esperar hasta 1961 para ver de nuevo la luz pero, ¿cómo pudo hundirse tan fácil y rápidamente un buque de esa magnitud, hecho por los constructores navales más experimentados y con las medidas que el mismo rey había aprobado? La nave iba a ser usada en combates, y por lo tanto se esperaba que aguantara tanto los embates enemigos como las tormentas. Hoy se cree que el barco estuvo mal construido y que fue mal navegado. La nave era inestable porque su centro de gravedad era excesivamente alto. Sin embargo, si las puertas de los cañones no hubieran estado abiertas, el agua no habría entrado y el Vasa seguramente se hubiese enderezado por sí mismo y habría seguido navegando.

El Vasa también se hundió porque en el siglo XVII no se aplicaban todavía cálculos teóricos para la estabilidad de las embarcaciones, basándose su construcción en las experiencias previas. Para introducir novedades tecnológicas –en el caso del Vasa, artillería pesada dispuesta sobre una batería doble– había que probar a tientas. El Vasa pesaba demasiado sobre su línea de flotación y fue incapaz de enderezarse para recuperar el equilibrio cuando el viento lo escoró.

La recuperación del navío
Anders Franzén, un técnico marino sueco y arqueólogo naval aficionado, sentía fascinación por los pecios que reposaban bajo las aguas del archipiélago de Estocolmo. Guiado por información obtenida de documentos del siglo XVII, Franzén buscó el Vasa entre los veranos de 1954 a 1956 con ayuda de rastras que acarreó por el fondo marino desde una lancha motora. En agosto de 1956, al explorar junto con el buceador Per Edvin Fälting en las proximidades del islote de Beckholmen, la draga quedó atrapada en un objeto de madera de roble de gran tamaño. Habían dado con el Vasa.

En otoño de 1957, los buzos iniciaron el despeje de túneles bajo el navío para los futuros cables de izamiento. El buque emergió del agua en abril de 1961, recuperándose con él más de 14.000 piezas sueltas de madera. El navío y sus distintos elementos se conservaron por separado, convirtiéndose en el mayor rompecabezas técnico del mundo cuando hubo que restituir todas esas piezas que, por cierto, entrañan un simbolismo fascinante: ninguna esta creada y colocada ahí por azar. 

El simbolismo del Vasa
Los navíos de esa época eran como exposiciones de arte flotantes. Los adornos y esculturas del Vasa son una de las colecciones de arte más grandes del mundo. El propio barco estaba pintado con colores llamativos y fuertes, con el objetivo de impresionar. El esplendor y la extravagancia eran manifestación de riqueza y poder en aquella época. 

Por poner un ejemplo de la carga simbólica de las esculturas podemos detenernos en el análisis de la popa del barco. Allí puede verse el escudo de armas de la familia del rey, el escudo de los Vasa, apoyado por querubines y adornado con la gavilla, símbolo de armas de la familia Vasa. Los querubines sujetan una rama de olivo en una mano y están flanqueados por unos generosos racimos de frutas llamados festones, símbolos de paz y prosperidad. En la pared sobre el escudo de los Vasa está el escudo nacional sueco sostenido por dos enormes leones. Los leones son un recurso heráldico universal para proyectar fuerza, autoridad y un linaje digno de protección. El león es el "rey de las bestias", un emblema de poderío militar y autoridad, así que estos leones aquí, en la parte trasera de la embarcación, refuerzan la imagen de Suecia como una nación fuerte y poderosa bajo el gobierno de la dinastía Vasa, la familia real regente en ese momento, siendo símbolos de soberanía y protección del reino. 

Por cierto que la proa del barco está presidida por la escultura de un animal que, de nuevo, vuelve a ser un imponte y colosal león.

Volviendo a la popa, en la parte superior hay una gran escultura arqueada con la imagen de un joven imberbe. Tiene el pelo largo y suelto y está rodeado de dos grandes grifos, animales mitológicos mitad león mitad águila, que sostienen una corona sobre su cabeza. Bajo la escultura se pueden leer las letras GARS (Gustavus Adolfus Rex Suecia).

El joven imberbe representa por tanto a Gustavo II Adolfo, aquí esculpido como un niño de unos 10 años de edad. Coronando la popa de esta manera, se ha querido dejar claro para todo el mundo que ya en ese momento, siendo tan pequeño, él era el elegido para ser rey de Suecia, una clara provocación a Segismundo de Polonia (con quien su padre mantuvo un enorme conflicto para llegar al poder), que alegaba su derecho al trono sueco.

La conservación del Vasa
Inmediatamente tras el rescate, la nave fue rociada con agua para que no se secara, agrietara ni rompiera. Después fue rociada durante 17 años con un conservante, para dejarse secar 9 años más. Hoy el Vasa descansa en una cuna en la que el casco está apuntalado en algunas partes, con lo que corre riesgo de dañarse. Pero hay planes para construir una nueva cuna, donde el peso del buque se reparta de manera más apropiada. Con la ayuda de 400 puntos de medición repartidos por el barco, hasta los más mínimos movimientos del casco pueden ser observados con las estaciones de medición en el museo. Esas mediciones muestran que el casco se mueve hacia abajo alrededor de 1 mm por año y que la popa se gira un poco. El casco del Vasa está construido por miles de componentes, que se mantienen unidos por más de 5.000 pernos de hierro y 30.000 conexiones de madera. Algunos de los pernos miden hasta 2 metros de largo, para poder traspasar las partes macizas de la nave. Un problema que se ha presentado es que el hierro se ha oxidado, lo que ha provocado reacciones químicas que en el futuro dañarán la madera. Por eso se ha iniciado un proyecto piloto para cambiar esos pernos por unos de nuevos, de acero inoxidable. Adicionalmente, después de ciertos problemas respecto al aire de la sala del museo, en 2004 se instaló un nuevo sistema de aire acondicionado. Ahora el aire del museo es estable, con una humedad ambiental y una temperatura más idóneas para la nave. El trabajo de conservación del Vasa está siendo un auténtico desafío, un viaje exploratorio son fin. Nunca antes se ha hecho algo similar, y lo que se aprende durante este proceso, será de gran ayuda para el mantenimiento y cuidado de otros buques de madera en el mundo.

Actualmente el Vasa continúa realizando una labor de divulgación sobre su época y hay en curso distintas iniciativas de investigación en torno a la conservación del buque, desde la madera hasta su armazón y los restos de tejidos. El objetivo es preservar el buque para las generaciones futuras pues, a día de hoy, dada su difícil labor de conservación, no se puede afirmar que vayamos a poder verlo ahí para siempre.

viernes, 4 de mayo de 2018

El Muro de Berlín: disfrutando un poco de la Historia

Es 1945 y la Segunda Guerra Mundial ha terminado. El territorio alemán queda dividido en dos zonas: en el oeste la RFA (República Federal Alemana) que pertenece a los países aliados (Inglaterra, Francia y EEUU) y al este la RDA (República Democrática Alemana), que es de dominio soviético. Los aliados incluso hacen concesiones territoriales con el objetivo de no ceder su zona oeste en la ciudad de Berlín, ocupada durante la guerra por los distintos países y a la que consideran estratégica. Así que en esta ciudad conviven alemanes que están gobernados bajo los dos bandos.


Pero pronto la parte occidental se convierte en una zona próspera a la que muchos ciudadanos de la zona oriental, descontentos con el comunismo, quieren ir a vivir. Desde el final de la guerra y hasta 1961, la zona oriental pierde a más de dos millones y medio de habitantes, que se van a la zona occidental. La mayoría lo hacen a través de Berlín Oeste y además eran perfiles profesionales muy cualificados, lo que afectaba a la economía de la RDA. Lo que estaba ocurriendo tampoco daba muy buena prensa a la causa comunista, así que el líder soviético creyó que la frontera berlinesa debía cerrarse.

Los líderes de la RDA tramaron clandestinamente un plan para levantar una frontera. Se oían rumores acerca de esa frontera pero se zanjaron rápido con una acción preparada y repentina: la madrugada del 13 de Agosto de 1961 las autoridades de Alemania del Este sellaron su frontera con Berlín Oeste. La hasta entonces capital de la República Democrática Alemana (RDA) quedó dividida en dos partes, la que marcaba la pertenencia a la RFA y la que marcaba la pertenencia a la RDA, sin distinguir entre calles, barrios ni edificios. En una noche, en seis horas, se levantó un muro que dejó incomunicados de la noche a la mañana a los habitantes de las dos Alemanias. De repente muchos ya no pudieron ir a sus trabajos, a estudiar a su colegio o universidad, o visitar a los familiares que vivían una calle más allá. Una parte del muro no era muro al principio, eran alambradas de espino y se vigilaban por guardias de seguridad que ya no dejaban pasar de un lado a otro de la frontera.

Durante los siguientes años, se construyó un complejo sistema de barreras a lo largo de la frontera. Desde ese momento, más de 100.000 habitantes de Alemania del Este intentaron huir del país. En el Muro centenares de ellos murieron disparados por los guardias de Alemania del Este o quedaron gravemente heridos, intentando escapar a Alemania Occidental.

El "muro"
La palabra muro no describe con total exactitud la barrera que cortó Berlín en dos partes desde 1961 hasta 1989, el año de su caída. El Muro de Berlín era en realidad un ancho corredor entre dos paredes. Una pared marcaba la frontera con la parte oeste del corredor, mientras que una segunda pared cerraba el corredor con la zona este. En medio de ambas quedaba la franja o zona de la muerte, que incluía un paso de centinela para los guardias de la RDA. En el interior de la ciudad, el corredor separaba el centro histórico a lo largo de sus límites norte, sur y oeste. Hoy en día, una línea doble de adoquines que se extiende a lo largo de varios kilómetros marca la localización exacta de la antigua pared fronteriza, y se sigue extendiendo de forma gradual.

El muro que rodeaba Berlín-Oeste durante casi 30 años tuvo una longitud de 160 km. De ellos, 45 km separaban la parte oeste de la parte este de la ciudad, mientras que un tramo de 115 km la separaban completamente del vecino territorio de Brandenburgo. En la actualidad existe una ruta con más de 100 lugares que conmemoran a las víctimas y a los incidentes concretos ocurridos en relación al Muro. En 2001 el Senado de Berlín lanzó su proyecto "Camino del Muro de Berlín" con el objetivo de hacer accesibles a caminantes y ciclistas los 160 km del antiguo muro paulatinamente. Hay señales que indican la dirección, vistas aéreas que proporcionan una perspectiva visual global y puntos de información que destacan lugares que históricamente tienen una significación por algún motivo.Todos ellos complementan así los paneles informativos instalados por la iniciativa "Berlin Wall History Mile".

Los memoriales y el "Concepto Muro"
El primer impulso de los habitantes de Berlín cuando cayó el Muro fue lógicamente destruir todos juntos la abominable pared. Cuando el Muro cayó, las paredes frontal y posterior, así como la ancha zona fronteriza iluminada que quedaba entre ambas paredes, las alarmas de la valla y las torres de vigilancia desaparecieron más o menos por completo.

Pero a partir de 1991 Berlín fue otorgando un status de monumento a diferentes segmentos del Muro y en 1995 se añadieron a la lista de preservación fragmentos auténticos del Muro y de la instalación de las fronteras. Hoy en día se listan aproximadamente 25 monumentos individuales (entre ellos, varios centenares de metros del Muro y tres torres de vigilancia). Con el mismo espíritu, la ciudad de Berlín se esfuerza en preservar los monumentos del Muro en un sentido más amplio, como un edificio fronterizo adyacente a la estación de tren de Friedrichstrasse que ha estado protegido desde 1990. Se han documentado minuciosamente las instalaciones fronterizas preservadas, incluyendo restos menos obvios como las farolas o rasgaduras del afilado alambre en las puertas de los edificios de los alrededores.

En primavera de 2005 el Senado de Berlín presentó su llamado "Concepto Muro". La idea era enlazar los ya existentes pero dispersados memoriales para hacerlos más visibles y darles más protagonismo de cara al público y proporcionar más información en los lugares donde se encuentran. Aparte de ser lugares con su importancia histórica, estos puntos incluyen proyectos de arte y placas conmemorativas para las víctimas del Muro.Este proyecto conceptual incluía paneles explicativos en estaciones de tren y metro, audio-guías de la historia del Muro de Berlín y la web www.berlin.de que aglutinaría los recursos existentes hasta entonces y los que tuvieran que venir en el futuro.

Potsdammer Platz - uno de los puntos conmemorativos
En esta conocida plaza de la ciudad también hay unos fragmentos del muro original, junto a unos paneles informativos en inglés y alemán que me han servido para documentar este post. El Muro de Berlín también se conocía con los sobrenombres de "Muro de Protección Antifascista" y "Muro de la vergüenza". Y aquí uno puede dar fe de la rabia que debió producir en las personas, que todavía hoy pegan chicles contra él.


Haciendo zoom en la fotografía pueden apreciarse las redonditas de diferentes colores incrustadas en las paredes, que son chicles masticados.


Bernauer Strasse
Bernauer Strasse se ha convertido en uno de los principales lugares para recordar el Muro de Berlín. Las heridas que aquí se causaron fueron tan profundas que se convirtió en un símbolo de la división de Berlín. Hileras enteras de casas, una iglesia, una estación de tren e incluso partes del cementerio de una comunidad de vecinos que antaño había sido próspera cayeron víctimas de la fortificación de la frontera.

Esta calle también fue testigo de algunas de las escapadas más espectaculares y es aquí donde han sobrevivido los más variados vestigios o restos de lo que fuera la instalación de la frontera. Inaugurado en 1998, el Memorial del Muro es un segmento de 70 metros de largo del original corredor de la frontera, inaccesible, igual como lo fue en su momento, que se compone tanto de lo que era la pared como la zona que quedaba a los lados de la misma, la denominada "zona de la muerte", un paso de centinela, faros de vigilancia y un transformador de la valla electrificada. En 1999 se le añadió un centro documental y en el año 2000 una Capilla de Reconciliación, que conmemora la gran Iglesia de la Reconciliación detonada en 1985. La plataforma panorámica que se erigió en 2003 permite una vista amplia de esta prominente cicatriz del paisaje urbano.

Las barras de hierro en hilera marcan la zona por la que pasaba el muro en esta calle. Y si nos damos la vuelta y miramos en lado opuesto a las barras, nos encontramos con una pared en la que se observa la icónica foto de Conrad Schumann, el joven soldado alemán de la RDA que saltó el muro a los pocos días de estarse construyendo, en una zona en la que la frontera era todavía de alambre.


La instantánea que quedó para la posteridad muestra cómo al saltar a la zona occidental el soldado se desprende de su fusil soviético.


La Puerta de Brandenburgo
La bicentenaria Puerta de Brandenburgo, coronada con una cuádriga conducida por la diosa de la victoria y de la que tiran cuatro caballos, ha pasado de ser un símbolo de la división de la ciudad a convertirse en todo un emblema de la unificación del país. El "Concepto Muro" marca por tanto también su localización como memorial.


Está situada en la que había sido la avenida más majestuosa de la ciudad, Unter den Linden (Bajo los Tilos), una avenida que luce preciosa de nuevo en la actualidad, con un largo parque por el que pasear o recorrer en bicicleta, Tiergarten, por el que también se puede llegar hasta Siegessäule, una columna triunfal con un mirador de la ciudad, y el Monumento conmemorativo de la victoria soviética, flanqueado por dos tanques, que rinde homenaje a los 20.000 soldados soviéticos caídos en combate durante la toma de la ciudad.




Berliner Unterwelten - Under the Berlin Wall 
(Estación de metro: Gesundbrunnen)
Hay un tour que vale la pena no perderse si uno visita Berlín. Es un tour que muestra cómo se gestionó el Muro de Berlín bajo tierra. La construcción de esa frontera afectó a las líneas de tren y metro ya que el transporte subterráneo quedó paralizado, dejando una serie de "estaciones fantasma" que han permanecido abandonadas durante años. De hecho, la ruta aprovecha para mostrar los tres tipos de "escapadas subterráneas" más recurridas: a través del alcantarillado, cavando túneles bajo tierra y a través de las estaciones de tren, en las que se construyeron protecciones y trampas mortales para evitar huidas y a las que muchos no sobrevivieron. Lo más interesante del tour son las historias que hay detrás de las personas que huyeron.

Un paseo por la East Side Gallery
(Estación de metro: Ostbahnhof)
Una parte del Muro quedó conservada y se utilizó de "lienzo", en el que un centenar de artistas han tenido el privilegio de ser escogidos para pintar sus obras. Así pues, uno puede pasearse a lo largo de casi dos kilómetros por una zona llena de auténticas obras de arte bonitas, divertidas, icónicas, conmemorativas, controvertidas y reivindicativas. Aquí muestro algunas de las que más captaron mi atención.

La obra más famosa del Muro de Berlín es sin duda el "fraternal" beso entre los líderes comunistas Erich Honecker (RDA) y Leónidas Breznev (Unión Soviética) pintado por Dimitri Vrubel tras la caída del muro. ¿Quién no ha querido verla alguna vez y fotografiarse cerca de este perturbador beso? Yo sí :-)


Aunque también hay otras obras conocidas en el Muro de la East Side Gallery. Como la del artista berlinés Thierry Noir, precursor del moderno movimiento de arte callejero. Es famoso por ser el primer artista que pintó de forma continuada el Muro cuando hacerlo era ilegal, desde 1982 hasta su definitiva caída en 1989.


Me gustó la obra que muestra el "Curriculum Vitae" del Muro, con una rosa pintada para cada una de las personas que murieron intentando cruzarlo, desde el año de su construcción (1961) hasta el año de su caída (1989).


Este dibujo muestra personas atrapadas entre las dos paredes del muro, en la llamada "franja de la muerte". Los gestos de sus caras, los colores y el trazo difuminado de las sombras me sugería alguna conexión con la típica representación de la figura de la muerte.


Esta pintura me recordaba a la de Noir, por la forma de las caras. Sin embargo lleva un mensaje claro pidiendo tolerancia (Tolerance), poniendo cara a cara a personas de diferente color, mirándose con alegría, mientras que las que están de espaldas parecen enfadadas o distantes entre ellas. Se puede ver más claro si uno se fija en las opuestas expresiones de labios y cejas de cada par de personas, es muy graciosa.


Esta obra evocaba claramente la huida, mostrando una mano que agarraba un pie de alguien que parecía estar corriendo.


Este diseño me dio la impresión de que era un poco abstracto. Era caótico y colorido y aunque se identificaban bien las formas de las caras dibujadas me costaba intuir qué transmitía.


La reivindicativa "Dancing to Freedom", bailándole a la libertad y clamando por un mundo sin guerras ni muros.


Esta obra muestra dos palomas blancas sosteniendo una cuerda de la que cuelga lo que me pareció la Puerta de Brandenburgo, edificación que ha simbolizado tanto la división como la unión del país. Sin duda tiene que ver con la paz y con el esfuerzo colectivo para lograrla.


Y de repente me encuentro con esta sorpresa: "Parlo d'Amor" ("Hablo de Amor"). La huella de un artista catalán en el Muro, Ignasi Blanch.


Y esta última, con la que en realidad inicié el recorrido, imagino que simboliza la atenta mirada de los soldados de la RDA, que vigilaban y disparaban a matar a todo aquel que intentase atravesar el Muro.


Fuentes de Información
Para escribir este recuerdo personal que forma parte de la Historia me he basado en mis opiniones personales, en los paneles informativos de Potsdammer Platz (Berlín), en las explicaciones de Craig (nuestro documentado guía australiano por el subterráneo de Berlín) y un artículo que leí hace tiempo en La Vanguardia y que merece la pena leerlo, pues narra de forma clara y con más detalle lo que ocurrió esa noche del 13 de Agosto de 1961.