Paseando por el Museo Nacional de Estocolmo me topé con los autorretratos de Joseph Ducreux. El museo tenía varias obras francesas del siglo XVIII, no recuerdo si de forma permanente o temporal, como préstamo de algún otro museo.
Son pinturas
de finales de 1700 que me llamaron la atención, las encontré divertidas, desenfadadas
e irreverentes. Son autorretratos, y parecen muy modernos para ser del siglo XVIII.
El autor es Joseph Ducreux (1735–1802), pintor francés que fue retratista de corte en tiempos de Luis XVI y Maria Antonieta. Pero en algunos autorretratos como éstos hizo algo completamente inesperado.

El silencio - Self-Portrait as a Man Saying 'Shh!' (izquierda)
En este cuadro se señala el gesto de mandar callar con el dedo en la boca. El artista mira al espectador de forma directa, parece casi conspirativo o cómplice. Esto es muy raro en la pintura oficial del siglo XVIII, donde los retratos eran solemnes, formales y estáticos. Ducreux rompe esa norma con un gesto cotidiano y algo teatralizado.
La sorpresa - Self-Portrait with a Surprised Expression (derecha)
Aquí también se ve una expresión teatral pero el gesto es todavía más exagerado, con los ojos y la boca bien abiertos. Parece casi una captura instantánea de emoción, algo que en aquella época prácticamente no se hacía.
Aquí Ducreux estaba
experimentando con algo muy cercano a la fisiognomía (el estudio de las
emociones en el rostro), la expresión teatral y la caricatura. En lugar de
retratar estatus social, retrataba expresiones humanas. Muchos historiadores
dicen que estas pinturas anticipan algo que luego será muy importante en el arte: capturar
emociones espontáneas.
Ducreux también pintó un autorretrato en el que señala con un dedo al espectador, riéndose o incluso burlándose. De nuevo, es una pose completamente impropia del retrato serio del siglo XVIII, que más bien solía mostrar a la persona digna, inmóvil, elegante y sin gestos exagerados. Aquí, en cambio, el pintor parece un actor en escena que está interactuando contigo.
Es como una foto tomada en un instante, justo en medio de una expresión, como los anteriores. Por eso hoy resulta tan moderno.
Esta pintura se volvió muy famosa en Internet hace unos años porque la gente decía que parecía un meme del siglo XVIII. La pose de señalar al espectador recuerda mucho a alguien diciendo “¡te pillé!” o "y tú, lo sabes".
The Meme Lord
Busqué información de estos cuadros al volver del viaje, y descubrí que estos autorretratos se volvieron muy virales hace unos años en redes sociales, porque rompen con la rigidez, la formalidad y la solemnidad propias de la pintura de su época, mostrando expresiones faciales exageradas y lúdicas que encajan perfectamente con la cultura irónica de los memes en Internet (muchos denominan al pintor el "Señor de los Memes" del siglo XVIII). Y es que esas expresiones de sus autorretratos, bostezando, riendo, señalando al espectador o con muecas burlonas son espontáneas y modernas, parecen "tipo selfie", permitiendo a la gente identificarse con ellas fácilmente hoy en día, lo que las convierte en imágenes atemporales.
Aunque todos estos cuadros son de finales del siglo XVIII, ya tienen algo que luego será muy importante en el arte moderno: la expresión psicológica y el gesto espontáneo.
De alguna manera, siglos después, artistas como Egon Schiele (que me cautivó en Viena con sus obras, especialmente con El abrazo (Amantes II), también harán autorretratos muy expresivos, aunque con otra intensidad mucho más dramática.


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