1503, Florencia. Leonardo da Vinci y Michelangelo Buonarroti son los artistas más reconocidos del momento. Ambos trabajan en una ciudad que hierve, impulsada por la actividad artística e intelectual. Se conocen y recelan el uno del otro. Y se encuentran, en un duelo artístico sin precedentes, en el Salone dei Cinquecento (Salón de los Quinientos), la sala más grande del Palazzo Vecchio.
El gonfaloniero de la República, Piero Soderini, máxima autoridad política, encarga a los dos maestros dos frescos sobre las victorias militares florentinas. A Leonardo, la batalla de Anghiari; a Michelangelo, la batalla de Cascina. Ambos querían demostrar su genialidad, pero ninguno de los dos terminó el encargo. La batalla más grande de la historia del arte quedó inacabada.
El desafío inmersivo del IDEAL
Los dos artistas más influyentes de todos los tiempos se reencuentran 500 años después para resolver aquel desafío inconcluso. El desafío imperfecto que nos propone la exposición del Centre d'Arts Ideal de Barcelona es un viaje personal que contrapone la vida y la obra de los dos genios eternos para que cada uno de nosotros decida cuál es su preferido. ¿Leonardo o Michelangelo? No es fácil escoger, y puede que a medio camino cambies de elección pero en la "batalla final" hay que tomar una única decisión. ¿Preparados?
Por qué ninguno terminó su encargo
El motivo fue distinto en cada caso y tiene que con problemas técnicos, cambios de rumbo y circunstancias políticas.
Como resultado, dos de las obras más ambiciosas de la historia del arte nunca se completaron, aunque influyeron enormemente en generaciones posteriores.
Leonardo no fue solo pintor, fue el gran símbolo del hombre del Renacimiento: artista, científico, ingeniero, pensador y observador del mundo. Su genio no se limitó a una sola disciplina, sino que abarcó el conocimiento como un todo, guiado siempre por la observación directa de la naturaleza y la experiencia. Su vida fue un continuo diálogo entre arte y conocimiento, y aunque dejó muchas obras inacabadas, su influencia fue inmensa y duradera.
El cara a cara que protagonizaron los dos maestros ahora se retoma para determinar quién es el ganador. Sin embargo, en esta ocasión, no solo entran en juego los esbozos de los frescos que se proyectaron en el Salón de los Quinientos, en el Palazzo Vecchio, sino toda su obra; la influencia en el arte, la ciencia y la ingeniería, así como su manera de entender el mundo y la creación artística, que es casi antagónica.
El motivo fue distinto en cada caso y tiene que con problemas técnicos, cambios de rumbo y circunstancias políticas.
Leonardo da Vinci – La batalla de Anghiari
Leonardo quiso innovar. En lugar del fresco tradicional, experimentó con una técnica mixta al óleo sobre muro, inspirada en métodos antiguos que no dominaba del todo.
El resultado fue un desastre: la pintura no se secaba bien, los colores se escurrían y la obra empezó a deteriorarse casi de inmediato. Ante el fracaso técnico y su tendencia a abandonar proyectos, Leonardo dejó la obra inacabada y poco después abandonó Florencia para ponerse al servicio de otros mecenas.
Leonardo quiso innovar. En lugar del fresco tradicional, experimentó con una técnica mixta al óleo sobre muro, inspirada en métodos antiguos que no dominaba del todo.
El resultado fue un desastre: la pintura no se secaba bien, los colores se escurrían y la obra empezó a deteriorarse casi de inmediato. Ante el fracaso técnico y su tendencia a abandonar proyectos, Leonardo dejó la obra inacabada y poco después abandonó Florencia para ponerse al servicio de otros mecenas.
Miguel Ángel – La batalla de Cascina
En este caso el problema no fue técnico, sino político y profesional.
Michelangelo llegó a realizar el cartón preparatorio completo (un enorme dibujo previo), que fue muy admirado. Sin embargo, antes de empezar a pintar el fresco, fue llamado a Roma por el papa Julio II, quien le encargó trabajos mucho más importantes y urgentes (como su tumba y, más adelante, la Capilla Sixtina).
Michelangelo dejó Florencia y el fresco nunca llegó a ejecutarse.
En este caso el problema no fue técnico, sino político y profesional.
Michelangelo llegó a realizar el cartón preparatorio completo (un enorme dibujo previo), que fue muy admirado. Sin embargo, antes de empezar a pintar el fresco, fue llamado a Roma por el papa Julio II, quien le encargó trabajos mucho más importantes y urgentes (como su tumba y, más adelante, la Capilla Sixtina).
Michelangelo dejó Florencia y el fresco nunca llegó a ejecutarse.
Como resultado, dos de las obras más ambiciosas de la historia del arte nunca se completaron, aunque influyeron enormemente en generaciones posteriores.
La escuela del mundo
Los esbozos de Leonardo y Michelangelo de las batallas que debían pintar en las paredes del Salón de los Quinientos fueron motivo de admiración por parte de artistas de todo el mundo. Según el escultor florentino Benvenuto Cellini (1500-1570), "mientras permanecieron intactas, fueron la escuela del mundo". La Florencia renacentista se consolidó como un taller vivo donde aprendices de todas partes podían aprender de los grandes maestros.
Genios universales
"La competición entre Leonardo y Michelangelo dio pie a una nueva idea de "genio", la del artista como ser original y enigmático, en la que todavía hoy creemos. Fue en esta competición cuando por primera vez se reconoció plenamente a ambos artistas no como simples artesanos que realizaban un trabajo, sino como creadores casi divinos de nuestras obras". Jonhatan Jones, The Last Battles: Leonardo, Michelangelo and the Artistic Duel that Defined the Renaissance.
Leonardo (1452–1519)
"La sabiduría es hija de la experiencia"
Desde muy joven destacó por una curiosidad insaciable. Para Leonardo, el arte no podía separarse de la ciencia: pintar significaba comprender cómo funciona el mundo. Estudió el cuerpo humano mediante disecciones, analizó el movimiento del agua, el vuelo de las aves, la luz, la geometría y la mecánica. Todo ese saber alimentó su obra artística.
Como pintor, revolucionó la representación de la realidad. Desarrolló técnicas como el sfumato, que permitía transiciones suaves entre luces y sombras, dotando a sus figuras de una profundidad psicológica inédita. Obras como La Gioconda, La Última Cena o La Virgen de las Rocas no solo muestran maestría técnica, sino una nueva forma de mirar al ser humano.
Leonardo trabajó para las cortes más importantes de su tiempo —Florencia, Milán, Roma y finalmente Francia—, donde fue valorado tanto por su talento artístico como por su capacidad para diseñar máquinas, fortificaciones, sistemas hidráulicos y espectáculos cortesanos. Sin embargo, su perfeccionismo extremo y su interés por múltiples campos hicieron que dejara muchas obras inacabadas.
En sus cuadernos, llenos de dibujos y anotaciones, Leonardo dejó miles de páginas que revelan una mente adelantada a su tiempo. Para él, el conocimiento no provenía de la autoridad ni de los libros antiguos, sino de la experiencia directa.
Leonardo murió en Francia en 1519, protegido por el rey Francisco I. Su legado no reside solo en las obras que terminó, sino en su forma de entender el mundo: una visión que unía arte, ciencia y pensamiento, y que sigue definiendo nuestra idea de genialidad.
Apasionado del dibujo, allí donde iba llevaba una libreta, perseguía a algunas personas para observar su fisonomía y dibujarlas con todo lujo de detalles, y escribía todo tipo de pensamientos y comentarios; hasta la lista de la compra. A lo largo de su vida, llenó 13.000 páginas de dibujos y apuntes.
Su retrato de Ginevra de'Benci es una de las primeras pinturas italianas al óleo, una técnica que ya utilizaban los maestros flamencos, pero que todavía era una novedad en la Italia del siglo XV. El dominio del óleo, que al principio mezclaba con huevo para superar algunas dificultades como arrugas y fisuras, permitió a Leonardo trabajar el sfumato y las veladuras, capas ultrafinas de pintura traslúcida superpuestas. Conseguía transiciones imperceptibles entre luces y sombras, dotando así a las figuras de un relieve y una profundidad extraordinarios.
- Legado escrito
Leonardo transformó la forma de pintar el Renacimiento y más allá. Su observación científica de la luz, el movimiento y la anatomía influyó en generaciones de artistas. Su Tratado de Pintura codificó recursos como el sfumato y la perspectiva atmosférica, que se convirtieron en referencia obligada para artistas realistas y retrastistas.
- Inspiración científica
Leonardo no sólo imaginó máquinas imposibles: estableció un modelo de pensamiento empírico que inspira hasta la fecha. Sus disecciones, estudios de hidráulica y dibujos anatómicos anticiparon el método científico. Sus cuadernos han servido de referencia para científicos, ingenieros y creadores multidisciplinares hasta la actualidad. Leonardo demuestra que arte, técnica y observación pueden fundar un pensamiento creativo universal.
Michelangelo (1475-1564)
"Sólo Dios crea. Los demás simplemente copiamos"
Escribió más de 300 poemas. Algunos son textos amorosos dedicados a otros hombres, como los que dirige a Tommaso Cavallieri. En 1623, uno de los descendientes de Michelangelo cambió el género del destinatario de algunas composiciones del masculino al femenino, pero en el siglo XIX se recuperó su original.
Es considerado uno de los primeros urbanistas de la historia por su remodelación de la Plaza del Campidoglio de Roma, a la que dotó de unidad visual y escenográfica. Diseñó un escenario integral, donde edificios, esculturas, escaleras y pavimento forman un conjunto unitario. Este proyecto influyó profundamente en el urbanismo barroco y en su concepto de ciudad como obra de arte total.
- El lenguaje del cuerpo
Michelangelo hizo de la escultura la expresión máxima de la condición humana, con sus tensiones internas. Sus desnudos poderosos y expresivos marcaron una revolución en el arte: manieristas y barrocos hasta llegar a Rodin se inspiraron en ellos y su influencia todavía está presente en algunos creadores contemporáneos. Su forma de representar el alma a través del cuerpo ha perdurado hasta hoy en disciplinas como la escultura, el teatro o el cine. Su impronta se reconoce allí donde el cuerpo se convierte en expresión dramática.
- Arquitectura eterna
La cúpula de San Pedro del Vaticano, diseñada por él, fijó un modelo arquitectónico que se expandió por todo Occidente. Desde Londres hasta Washington, edificios civiles y religiosos han retomado su lenguaje monumental. Michelangelo rompió con sus reglas clásicas y pensó la arquitectura como una escultura habitable. Esta concepción expresiva, con formas macizas y ritmos dinámicos, abre sus puertas al Barroco e inspira hasta hoy a arquitectos que buscan emocionar con el espacio.
Ruta Michelangelo y Ruta Leonardo
Aún hoy, Florencia es una ciudad con sello Michelangelo. A parte del famoso David, se pueden ver otras obras del artista, como el Tondo Doni, la única pintura suya que se guarda en la ciudad; los Esclavos (Prigioni) que debían completar la tumba de Julio II; varias obras de su juventud; y la Piedad bandini, obra de su madurez. En cambio, la huella de Leonardo en Florencia es más difícil de seguir. Se conservan las obras de Verrochio en las que colaboró, pero pasó muchos más años en Milán, donde se puede visitar La última cena, y después en Francia, bajo la tutela del rey. Su obra está dispersa en todo el mundo, desde el Louvre a bibliotecas y colecciones privadas como la de Bill y Melinda Gates, que en 1994 compraron el Códice Leicester.
Palabras de uno y otro
Leonardo me pareció, a lo largo de la exposición, un personaje racional, analítico, observador, detallista. Y me transmitió sensatez, equilibrio y moderación: "Si quieres mantenerte sano, sigue este régimen: no comas si no tienes hambre y cena ligeramente, mastica bien, y asegúrate de que lo que comes está bien cocinado y sea sencillo. Quien toma medicinas se hace daño a sí mismo; no des paso a la cólera y evita el aire cerrado; mantente en pie cuando te levantes de la mesa y no te permitas dormir a mediodía. Sé moderado con el vino: toma un poco con regularidad, pero solo con las comidas y nunca con el estómago vacío. Cuando hagas ejercicio, que sea moderado. No te quedes con la barriga retorcida ni la cabeza agachada y procura estar bien abrigado durante la noche. Descansa la cabeza y mantén el ánimo alegre: huye del desenfreno y presta atención a la dieta".
Michelangelo se mostró como un poeta sumido en un conflicto eterno entre las cosas que se contraponen, lo que me conectaba con su "terribilità", esa intensa fuerza, poder y dramatismo con las que impregnaba sus obras, especialmente en la representación de figuras que contraponen lo divino y lo humano: "Mi alegría es la melancolía y mi reposo son las fatigas extremas; y mi consuelo es vivir sin esperanzas, y, hablando de muerte, ser más cruel. Del llanto, gozo, y del dolor, deseo.; de noche velo y de día el sueño me oprime; y para ganar he gastado todo mi bien, y para agradar, a mí mismo me tengo en odio e ira".
En las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores, Giorgio Vasari escribe: "Leonardo da Vinci, cuya belleza física no se puede alabar lo suficiente, cuyos movimientos tenían una gracia infinita y cuyas facultades eran tan extraordinarias que podía resolver cualquier problema difícil que se propusiera. Poseía una gran fuerza personal, combinada con destreza, y un espíritu y un coraje invariablemente regios y magnánimos". De Michelangelo asegura que Dios, para resolver numerosos errores de los hombres, decidió "enviar al mundo un espíritu que, en cada una de las artes, y en todas las profesiones, fuese universalmente capaz y por sí solo mostrara la perfección del arte del dibujo, en materia de línea, contorno, sombra y luz, y diera relieve a las figuras de la pintura y con juicio recto obrase en escultura".
Millones de fans - comparativa entre ambos
La exposición me ha servido para refrescar conocimientos, aclarar algunas cosas, descubrir otras y deleitarme en detalles. Admiro a ambas figuras y debo admitir que antes de entrar ya tenía una preferencia. Y al llegar a la batalla final, me sigo declarando ...
Team Leonardo :)



