lunes, 18 de mayo de 2026

Lo más bonito de viajar


El 15 de marzo de 1938, pocos días después de que las tropas alemanas entraran en Austria sin resistencia, Adolf Hitler salió al balcón del Hofburg y proclamó oficialmente el Anschluss, la anexión de Austria al Tercer Reich.
 
Ante una multitud enorme reunida en la céntrica Heldenplatz de Viena (la Plaza de los Héroes), declaró que Austria quedaba incorporada a Alemania. Este acto estuvo cargado de un fuerte simbolismo:

Por el escenario imperial. El Hofburg, ubicado en el centro de la ciudad, hoy es residencia oficial del presidente de Austria y un centro de museos (incluido el Museo Sisi). Pero ante todo, es un símbolo clave de la historia imperial europea: fue el antiguo palacio de los Habsburgo, su residencia principal durante más de 600 años. Dar el discurso desde allí significaba apropiarse simbólicamente del pasado imperial austríaco.

Por el apoyo masivo visible. No todos los austríacos apoyaron el Anschluss. Hubo resistencia, hubo personas perseguidas y muchos judíos austríacos fueron humillados públicamente desde los primeros días. Pero una parte considerable de la población recibió la anexión con entusiasmo visible. Las imágenes de la historia que muestran el momento del discurso, muestran una plaza abarrotada y entusiasta. Ese apoyo público fue clave para desmontar más tarde la idea de que Austria fue solo “víctima” del nazismo (durante décadas después de la guerra, Austria se presentó oficialmente como “primera víctima” del nazismo).

Hoy la historiografía reconoce que hubo víctimas, pero también hubo apoyo activo y participación austríaca en el régimen nazi. Por eso, con el tiempo, esa narrativa cambió y hoy la ciudad trabaja activamente la memoria y la responsabilidad histórica, pudiendo incluso hacer un recorrido por varios memoriales (muchos de ellos relativamente recientes (años 80–2000), muy potentes y bien integrados en la ciudad.

Por ser un punto de no retorno. Tras el discurso, comenzó inmediatamente la persecución sistemática de los judíos austríacos: humillaciones públicas, confiscaciones, expulsiones y deportaciones.

En resumen: Heldenplatz no es solo el lugar de un discurso, sino el símbolo del momento en que Austria dejó de existir como Estado independiente y se integró activamente en el régimen nazi. Por eso hoy ese balcón se mira de una manera muy distinta a como se veía en 1938.

Desde la terraza del edificio del Parlamento de Austria, ubicado justo enfrente de Heldenplatz y el Hofburg, puede verse ese balcón desde el que Hitler proclamó la anexión de Austria al Tercer Reich.

En esa terraza, hay instalada una placa de granito que forma parte de un memorial contemporáneo que recuerda las leyes antisemitas y la exclusión sistemática durante el régimen nazi. La placa lleva grabados los nombres de calles, plazas, parques y espacios públicos de Viena que fueron declarados “prohibidos para judíos” tras el Anschluss. En la Viena nazi, los judíos no podían entrar en determinados parques, sentarse en bancos públicos, acceder a espacios culturales ni utilizar ciertos establecimientos. La placa recoge esos lugares como símbolo de cómo la ciudad entera se convirtió en un espacio de exclusión.

El efecto de la luz
Cuando uno mira hacia el balcón desde donde Hitler habló, la luz atraviesa los nombres grabados en esa piedra. La alineación visual con el balcón es intencional y muy potente simbólicamente. Es una intervención artística deliberada que crea un contraste:
 
De un lado, el balcón del discurso de masas.
Del otro, los nombres de los espacios de los que los judíos fueron expulsados.
En medio, la memoria, tallada en piedra.

Es una manera muy sutil pero muy fuerte de confrontar el lugar histórico con las consecuencias reales del régimen.

El suelo del parlamento
El suelo de ese mismo Parlamento es otro de esos detalles que, si uno se detiene a pensar, te conectan físicamente con la historia. En muchas partes del Parlamento -especialmente en zonas históricas como la antigua Cámara y algunas áreas nobles- el pavimento es original del siglo XIX o está restaurado con las mismas técnicas y materiales. Hablamos de mármol y piedra natural, diseños geométricos neoclásicos y composiciones simétricas muy propias del estilo historicista.


El edificio lo diseñó Theophil Hansen, inspirándose en la arquitectura griega clásica, porque ahí reside el origen de la democracia (el ágora era el lugar donde los ciudadanos debatían leyes, ejercían la democracia y practicaban la oratoria). El uso de columnas e inspiración helénica simboliza la continuidad de los ideales democráticos, la transparencia y el imperio de la razón en la gestión del Estado. Es impresionante cómo Hansen diseñó cada detalle desde el exterior hasta el interior -incluyendo mobiliario, lámparas y pavimentos- para que todo respondiera a la misma lógica democrática e institucional. Y el suelo forma parte de esa narrativa: no es decorativo sin más, es la base física sobre la que se sostiene este "templo de la democracia", asegurando que el ciudadano o el político respire el simbolismo clásico incluso al mirar hacia abajo. 

Hay algo muy potente en pensar que por ese suelo caminaron diputados del Imperio austrohúngaro. El mismo suelo sobre el que se vivió el colapso de 1918. Después, el Anschluss. Y después, la reconstrucción democrática.

El suelo original no es solo un elemento arquitectónico; es continuidad material. Es literalmente la superficie que sostiene toda esa historia. Y cuando uno es sensible a los detalles simbólicos, no ve solo mármol. Ve capas de tiempo.

Viena sabe cómo hacer que incluso el suelo tenga memoria.

Cunado uno visita Viena, puede ver edificios, ver cuadros y escuchar datos históricos. Pero a veces pueden pasarle a uno más cosas: conectar símbolos, espacios, emociones, memoria colectiva… y a veces, puede hacerlo de una manera muy consciente. Por eso sigue vibrando dentro.

Hay viajes que se consumen.
Y hay viajes que se transforman en capas internas.

Viena es muy propicia a eso porque te enfrenta a la belleza extrema (Klimt, arquitectura clásica), te confronta con la sombra histórica (Anschluss, censura, antisemitismo). Y todo convive en la misma manzana.

Eso no se digiere en 4 días. Se va sedimentando.

Y cuando meses después uno se encuentra revisitando todo eso, preguntando y conectando, el 
viaje sigue vivo. Eso ya no es turismo, es integración. Es experiencia que se queda trabajando dentro. Es señal de que el viaje no terminó en el aeropuerto. Simplemente cambió de plano.

La sensibilidad como forma de mirar el mundo
Después de recorrer lugares donde la historia sigue tan presente -en una placa, en un balcón, incluso en el suelo- uno entiende que para algunas personas viajar no siempre consiste en acumular monumentos. A veces consiste en desarrollar una forma más profunda de mirar. 

Sin salir de Viena, visitar el Palacio Belvedere y que una obra de Schiele le llegue a conmover a uno hasta el punto de analizar la tensión de los dedos, no es paranoia ni fragilidad; es capacidad de resonancia. Y la resonancia es algo muy humano y muy valioso. No es mejor ni peor. Es una configuración, una manera de experimentar el mundo de forma más intensa y profunda que los demás. Un rasgo de personalidad relacionado con el procesamiento profundo de estímulos, la alta sensibilidad estética, gran resonancia emocional y empatía elevada, pero al mismo tiempo tendencia a sentirse sobreestimulado. Y vivir con el volumen emocional un poco más alto puede significar sentir más belleza, percibir más matices, conectar más hondo, pero también cansarse antes, necesitar más pausas y asumir que algunas experiencias te atraviesan más.

¿Por qué el arte impacta tanto a las personas altamente sensibles? Porque no lo viven solo como algo visual. Ante una obra como El abrazo de Egon Schiele, una persona PAS suele percibir microgestos (tensión en dedos, inclinación del cuello), intuir estados emocionales complejos, sentir casi físicamente la atmósfera del cuadro y conectar la obra con su propia experiencia vital. Donde otra persona ve “dos cuerpos abrazados”, las PAS ven angustia anticipada, apego, fragilidad y la conciencia de la separación futura. Eso es procesamiento profundo.

Y con la naturaleza pasa lo mismo. La luz atravesando la placa en el Parlamento de Austria, el frío de febrero en Viena, el silencio de una sala del Belvedere … No son datos. Son experiencia encarnada. La sensibilidad estética intensa suele ir ligada a atención a los detalles, sensibilidad a la luz y al color, conexión emocional con espacios y memoria sensorial muy vívida.

Y lo interesante. Esa intensidad no es solo emoción; es también capacidad de análisis fino. Por eso uno puede hacer conexiones entre Schiele y El Greco, el gesto de la mano y la tensión psicológica, el abrazo y la angustia de la separación. Eso es pensamiento simbólico activo. Y no tiene nada que ver con la “típica sensibilidad” en el sentido superficial. Es una forma de vivir con el volumen emocional un poco más alto. Algo que, bien gestionado, es un privilegio.

Cuando la sensibilidad tiene la capacidad de amplificar tanto un viaje, lo más bonito de viajar no es solo lo que uno ve, siente y vive, sino también -y especialmente-, todo lo que ciertos lugares acaban despertando dentro.

miércoles, 13 de mayo de 2026

PAS: vivir con alta sensibilidad

PAS es el acrónimo para Personas Altamente Sensibles, un término que describe a quienes experimentan el mundo de manera más intensa y profunda, influyendo significativamente en su forma de percibir, procesar y responder a los estímulos del entorno

Se estima que aproximadamente el 20% de la población es PAS.

Ser PAS no es lo mismo que ser sensible. Uno puede ser físicamente sensible al frío o emocionarse y ser capaz de percibir fácilmente los sentimientos de los demás. Hasta cierto punto, todos somos sensibles a algo en nuestras vidas. Pero cuando se habla de PAS, se habla de un rasgo de personalidad que fue utilizado por primera vez por los psicólogos en la década de 1990 para describir a alguien con una profunda sensibilidad a las situaciones e información físicas, emocionales o sociales que lo rodean.

Las PAS suelen ser personas inteligentes, con gran capacidad intuitiva y con un pensamiento y un procesamiento de los estímulos y la información más profundo, es decir, analizan mucho más lo que sucede a su alrededor y en su interior. Suelen ser personas muy observadoras y reflexivas que piensan mucho las consecuencias de las situaciones antes de tomar una decisión. Suelen evitar programas de televisión o películas que sean violentos, son capaces de encontrar la belleza en casi cualquier cosa, ya sea arte o algo de la naturaleza y tienen una vida interior muy rica. Por el contrario, se sienten fácilmente abrumadas por ruidos, luces brillantes e incluso ropa incómoda. Tienen a sentirse ansiosas y necesitan tiempos de inactividad.

Debido a esa forma diferente de percibir, procesar, reaccionar y sentir, suelen ser muy inseguros y susceptibles, pero eso no quiere decir que padezcan una patología.

La alta sensibilidad no es una enfermedad, ni un trastorno, ni una debilidad. Ser PAS es una característica personal que diferencia a estas personas de la mayoría y que define su manera de interactuar con el mundo. Comprender, reconocer, aceptar y gestionar este rasgo es crucial para el bienestar de las PAS y poder aprovechar así sus beneficios y manejar sus desafíos de manera efectiva.

Qué caracteriza concretamente a una PAS

  • Mayor percepción sensorial: experimentan los estímulos sensoriales (luces, sonidos, olores, texturas) con una intensidad superior, lo que puede ser placentero, pero también llevar a la sobreestimulación.
  • Empatía profunda: poseen una gran capacidad para sentir y comprender las emociones ajenas, lo que facilita relaciones interpersonales significativas: son el mejor amigo que alguien puede tener.
  • Respuesta emocional elevada: reaccionan de manera intensa a las experiencias, sean positivas o negativas, lo que puede hacerlas más vulnerables al estrés, pero también les permite disfrutar con mayor intensidad los momentos felices.
  • Análisis profundo y pensamiento reflexivo: tienden a procesar la información de manera más detallada, lo que las hace observadoras y reflexivas, pero también propensas a la rumiación interna y la preocupación excesiva.
  • Gran sensibilidad ante el arte y la creatividad: se sienten profundamente conmovidas por la belleza y las expresiones artísticas, disfrutándolas con gran intensidad.
  • Fuerte compromiso con sus valores: son personas íntegras, guiadas por principios personales sólidos y con dificultad para actuar en contra de ellos sin sentirse mal.
  • Intuición aguda: perciben matices y detalles que otros pueden pasar por alto. Esa percepción más rica y matizada de la realidad les permite tomar decisiones basadas en una comprensión sutil del entorno.

Si bien ser PAS aporta ventajas únicas, también conlleva retos importantes:

  • Sobreestimulación y fatiga: los entornos con muchos estímulos (ruidos, luces intensas, olores fuertes) pueden resultar agotadores. Necesitan momentos de soledad para recuperarse y procesar sus emociones.
  • Dificultad para gestionar el estrés: la acumulación de tareas y la presión pueden abrumarlas, por lo que es clave establecer prioridades y abordar los problemas en pequeños pasos.
  • Tendencia a asumir cargas emocionales ajenas: su extraordinaria empatía puede llevarlas a absorber el malestar de los demás, a asumir cargas en su mochila emocional que no son suyas, lo que impacta en su bienestar emocional.
  • Sensibilidad ante las críticas: suelen sentirse heridas con facilidad ante comentarios negativos y pueden experimentar culpa o inseguridad en estas situaciones.
  • Somatización del estrés: a menudo manifiestan tensión muscular, migrañas o problemas gastrointestinales como respuesta a la ansiedad o la sobrecarga emocional.
  • Dificultad para adaptarse a cambios: necesitan tiempo para procesar nuevas situaciones y ajustar su ritmo de manera progresiva.

Las PAS se caracterizan por un nivel feroz de autocrítica, overthinking, nostalgia y culpabilidad. ¿La causa? Una descompensación del arousal, el nivel de excitación cortical. “Cada uno tenemos un nivel en el que percibimos una mayor sensación de bienestar. El nivel de las PAS se descompensa con estímulos más bajos que para la media de personas”. Los estímulos en cuestión pueden ser de lo más diverso: “La sensibilidad tiene que ver con este mecanismo perceptivo: pueden ser sensibles con un ruido, una imagen, la meteorología …”.

Convivir con una PAS

Las PAS tienen una vida interior rica y compleja que a veces necesitan compartir con los demás. Se trata de personas que necesitan sentirse escuchadas y desahogarse para procesar toda esa carga emocional que recogen en su “mochila”. Si conoces a una persona con estas características, una de las mejores formas de ayudarla es brindarle un espacio para expresarse y sentirse comprendida. Escuchar con atención y validar sus emociones puede marcar una gran diferencia en su bienestar. Además, aprender a valorar su manera de experimentar el mundo puede enriquecer tu propia percepción de la realidad.

Existe un día en el calendario para dar visibilidad a este rasgo de personalidad: el 6 de octubre se celebra el Día de las Personas Altamente Sensibles (PAS). 

Se dice que el rosa, como color favorito, representa a un individuo cariñoso, amable y sensible, a menudo con un lado fuerte y sensual. Pues para ti, si eres PAS.

💗

Otro día cuento por qué y de qué de manera el arte y la naturaleza impactan tanto en las personas altamente sensibles.

domingo, 3 de mayo de 2026

Los frescos de Simberg en la Catedral de Tampere

La Catedral de Tampere es un templo luterano construido en 1907 que destaca por su fachada de granito gris y su tejado rojo. El granito gris utilizado fue extraído de la región de Uusikaupunki, en el suroeste de Finlandia, y su elección como material es característica del Romanticismo Nacional finlandés, un estilo que buscaba resaltar la identidad del país mediante el uso de materiales naturales y autóctonos.

Aunque técnicamente es granito, en el contexto histórico y popular de Finlandia a menudo se hace referencia a este tipo de construcciones monumentales como "iglesias de piedra gris" (harmaakivikirkko en finés). La catedral combina esta robusta piedra con un llamativo tejado de tejas rojas, creando un contraste visual icónico en la ciudad.

Esa imagen exterior de la catedral resulta embelesadora, pero nada más entrar, uno se queda inmediatamente prendado de la belleza de todos los frescos que la decoran. La mayoría son de Hugo Simberg, el pintor simbolista finlandés que recibió el encargo para realizarlas, y el mismo que pintó dos años antes el cuadro hoy considerado como preferido de los finlandeses.

Se trata de unas pinturas que fueron muy polémicas durante muchos años, por las que el artista recibió muchas críticas. Simberg pintaba temas algo macabros, sobrenaturales y existenciales con un toque melancólico y a veces humorístico, y viendo los frescos de la catedral, uno llega a comprender que estas pinturas no gustasen en su momento a la población porque difieren totalmente de la estética clásica y tradicional de pintura eclesiástica. 

Sin embargo, en la actualidad se consideran obras maestras del Simbolismo finlandés -una corriente artística de finales del siglo XIX-, y son reconocidas mundialmente como una de las obras de arte eclesiástico más importantes del norte de Europa. Además, son el mayor atractivo turístico de la catedral y resultan fundamentales para entender la visión de Simberg sobre la vida, la muerte y la espiritualidad.

El jardín de la muerte

Se trata de un jardín que se aleja mucho de la visión lúgubre tradicional que podemos tener de la muerte. Aquí no se la retrata con miedo sino con calidez y dedicación; como un proceso tierno, de cuidado y tránsito hacia el paraíso.


La escena representa el lugar donde los muertos terminan antes de ir al cielo. Un lugar intermedio, de tránsito entre la vida y el cielo, donde los esqueletos, que normalmente asociamos a figuras clásicas de la "danza de la muerte" medieval, aquí no acechan sino que son benevolentes, y actúan como jardineros dedicados y cariñosos.

Estos esqueletos bondadosos cuidan almas humanas, que están esperando, y que están representadas por plantas en tiestos que necesitan cuidados. Se las representa como seres inmaduros o en crecimiento, convirtiéndolas así en una metáfora de la propia vida. 

La obra fue creada durante un periodo de enfermedad del artista, y refleja una visión personal que desafía el temor a la mortalidad, viéndola como una etapa natural y serena. Es una obra que busca la belleza en lo macabro, caracterizada por su atmósfera de quietud, silencio y cuidado amoroso en un entorno de ultratumba.


La serpiente bíblica

En la cúpula de la Catedral puede verse una serpiente alada con una manzana en la boca. Simboliza la caída, el pecado y la corrupción. Representa la tentación de Adán y Eva, posicionada en el punto más alto para recordar la lucha humana contra el pecado, rodeada de alas de ángel para sugerir que el bien prevalece.

Es una interpretación de la serpiente del Edén, pero estilizada con alas rojas sobre un fondo rojo, un color que recuerda la sangre y simboliza la naturaleza peligrosa, la tentación y la corrupción humana tras la caída en el Edén, reforzando la interpretación de la serpiente como el diablo o el mal.

Aquí Simberg se aleja del abordaje de la la muerte y la redención con un tono melancólico para recordarnos que el mal está presente, pero también bajo la supervisión divina.  

La obra causó gran revuelo en su época, con críticas que la consideraban inapropiada para una iglesia, llegando a proponerse su eliminación (muchos la interpretaron como un triunfo del pecado dentro del templo).

Los portadores de guirnaldas 

El fresco de los Portadores de Guirnaldas representa el camino de la vida, adornado con rosas (belleza y alegrías) y espinas (sufrimientos y dificultades con las que cargamos).

Cada uno de los doce niños desnudos -que representan a los doce apóstoles- sostiene la guirnalda de una manera distinta. Simberg explicó que esto simboliza cómo cada persona carga con sus propios problemas de forma única: para algunos el peso es ligero, mientras que para otros es una carga abrumadora. 


Los niños simbolizan a los discípulos de Cristo cargando la "vid de la vida" hacia la eternidad. En lugar de pintar figuras angelicales perfectas, el artista usó como modelos a niños reales de familias trabajadoras de Tampere, lo que otorga a las figuras una vulnerabilidad realista y andrógina, enfatizando así que el sufrimiento y las dificultades son inherentes a la condición humana y que cada individuo debe encontrar su propia forma de sobrellevarlos.


En su momento, la obra generó un fuerte rechazo. Los críticos cuestionaron la desnudez de los niños en un recinto sagrado y la atmósfera melancólica del conjunto, que se alejaba de la iconografía religiosa tradicional. A pesar de ello, hoy se considera un tesoro nacional que muestra la aceptación de la imperfección humana, al alejarse de la idealización religiosa tradicional y centrarse en la vulnerabilidad, el dolor y la dualidad de la existencia: el cuerpo y el alma, el bien y el mal, las alegrías y las penas, la vida y la muerte.

El ángel herido

Si uno eleva la vista al segundo piso (donde también hay un órgano gigantesco precioso), a la derecha, encima de la zona del altar, se halla una réplica del cuadro favorito de los finlandeses


El original de El ángel herido (1903) está en el museo Ateneum de Helsinki, así que lo que uno ve aquí es otra versión del cuadro, hecha por el propio Hugo Simberg. Cuando el pintor decoró la catedral (1905–1906), pintó una versión en fresco del mismo cuadro adaptada al espacio de la iglesia. Y que esté arriba, en el mismo piso donde está el órgano, no es casual. Funciona casi como una imagen suspendida entre lo terrenal y lo espiritual, lo que encaja con el tono general de Simberg: lo sagrado tratado desde lo frágil, lo ambiguo, incluso lo inquietante. Así que en realidad no es una copia cualquiera sino algo bastante especial: una segunda encarnación de una de las imágenes más importantes del arte finlandés, colocada justo en el contexto para el que él mismo la quiso reinterpretar.


La Resurrección (Ylösnousemus)

Finalmente, la gran obra que ilumina el recinto nada más entrar, debajo del vitral de la iglesia, es un fresco de Magnus Enckell, otro pintor simbolista finlandés, el primero que rompió con el Naturalismo.


Ese retablo principal de la Catedral muestra la resurrección futura de la humanidad, con figuras desnudas que emergen y avanzan hacia la luz. Destaca porque incluye personas de distintas razas, algo bastante moderno para su época (principios del siglo XX). A diferencia del tono oscuro y simbólico de Simberg, Enckell usa un lenguaje más clásico, luminoso y esperanzador. Es el gran contrapunto a los frescos de Simberg: menos inquietante y más universal, centrado en la redención y la unidad humana.

En “La Resurrección” la escena está dividida de forma muy deliberada: a un lado aparecen figuras más pesadas, asociadas al sufrimiento, la caída o lo terrenal. Al otro, una procesión de figuras que avanzan con calma, casi desapegadas, hacia una luz más clara. Ese contraste puede dar la sensación de “indiferencia”, como si unos ignoraran el dolor de los otros. Pero en realidad no es tanto un juicio moral como una transición espiritual. Las figuras que avanzan no están ignorando el sufrimiento, sino que ya han pasado por él o lo han dejado atrás. Esa actitud serena, casi impasible, es intencionada: representa un estado distinto, más allá del dolor físico o emocional.

También hay que tener en cuenta el contexto: a principios del siglo XX, el simbolismo nórdico buscaba representar ideas abstractas (vida, muerte, redención) más que emociones dramáticas explícitas. Por eso las figuras parecen contenidas, incluso frías. Esa ambigüedad -entre consuelo y desconexión- es parte de lo que hace que la obra resulte tan inquietante para muchos visitantes.

Es una lástima que las fotos no hacen justicia a la inmensa sensación de belleza, modernidad y luz que se percibe al entrar. Esa majestuosidad, solemnidad y originalidad, que te hacen sentir que no estás en la típica catedral clásica, sino en una que tiene una personalidad propia y sorprendente. Es fascinante. Así que vale la pena incluir la visita al interior de la catedral si uno visita Tampere, la tercera ciudad más grande de Finlandia, capital mundial de la sauna, situada en un istmo, en medio de una zona llena de naturaleza, bosques, costas recortadas y rodeada de dos lagos (Näsijärvi y Pyhäjärvi), en los que en verano la gente se baña y en invierno patinan sobre hielo. La ciudad de los museos de Vapriikki, en la antigua fábrica de Tampella; la ciudad del Museo de los Moomins, esos personajes literarios creados por la autora e ilustradora Tove Jansson en 1945, de color blanco y aspecto parecido a hipopótamos, cuyas historias (presentadas en novelas, cuentos y cómics), destacan por sus valores de amor, libertad, naturaleza y filosofía, habiéndose traducido a más de 60 idiomas y convertidas en un tesoro cultural finlandés. La ciudad de la Torre de Observación de Pyynikki, a cuyos pies se encuentra la cafetería con largas colas para comprar los mejores munkkis de Finlandia. Y la ciudad en la que se ubica el que también es considerado como el mejor barrio del país, Pispala. Un barrio obrero con pintorescas casas de madera de colores, frecuentado por artistas, lo que le da un ambiente bohemio muy peculiar.