Entre el siglo XII y 1809 Finlandia pertenece al Reino de Suecia. Se introduce el cristianismo, el sistema legal y administrativo es sueco y la élite y la administración usan sueco como lengua (por eso todavía hoy es lengua oficial en Finlandia).
Entre 1809 y 1917, tras la guerra entre Suecia y Rusia, Finlandia pasa a ser el Gran Ducado de Finlandia dentro del Imperio ruso. Los rusos permiten bastante autonomía (parlamento propio, moneda propia durante un tiempo, desarrollo cultural propio). En ese periodo nace el movimiento nacional finlandés.
Así pues, la identidad finlandesa moderna se formó entre dos influencias muy distintas: las instituciones y cultura heredadas de Suecia y la presión política del Imperio ruso. Ese equilibrio ayudó a que surgiera una fuerte necesidad de definir una cultura
propia, donde el arte, la literatura y el paisaje jugaron un papel muy importante.
A finales del siglo XIX en Europa hay muchos cambios y a nivel cultural y artístico nacen corrientes que rompen con lo académicamente establecido. En la pintura, el Naturalismo (representación de la realidad observada, paisajes, historia, religión), da paso al Impresionismo (donde se pinta lo que el ojo percibe) y Post- Impresionismo (se pinta lo que la mente interpreta), con corrientes a partir de ahí como el Simbolismo (se representan ideas, mitos, estados espirituales) y el Expresionismo (se pinta lo que el alma siente, se deforma la realidad para expresar emociones internas).
Por eso obras como El ángel herido terminaron siendo vistas como algo profundamente "finlandés",
aunque el artista no pretendiera hacer propaganda nacional. De hecho,
Contexto del autor
El ángel herido era la pintura favorita del autor, de la que estaba más orgulloso y también la más exitosa. Él mismo se sorprendió de la grata acogida que tuvo la obra entre los círculos artísticos de la época. "Gallen (Akseli Gallen Kallela) está tan emocionado que apenas puedo tomarle en serio. Sus primeras palabras fueron los mayores halagos a mi trabajo. Dice que irradia paz y armonía como ninguna otra obra de la exposición. Incluso (Albert) Edelfelt me dijo cosas bonitas", escribió el pintor a su hermana Blenda en una carta.
Zoom sobre la escena del cuadro
El cuadro evoca el paisaje real del parque Eläintarha (zoo, en finlandés), situado en
el centro de Helsinki. La escena se sitúa en la orilla de la bahía de
Töölö (Töölönlahti). El camino por el que avanzan los niños todavía existe hoy en día y
es una ruta popular para pasear en la capital finlandesa. Aunque el entorno
real es un parque urbano, Simberg lo retrató con un tono sombrío, árido y
melancólico que refleja su propia convalecencia tras sufrir la meningitis.
En la época de Simberg, el parque Eläintarha albergaba instituciones
benéficas, como la Escuela para Niñas Ciegas y el Hogar para
Discapacitados, hacia donde se especula que los niños trasladan al ángel. Al
borde del camino se aprecian flores silvestres; específicamente, el ángel
sostiene un ramo de campanillas de invierno (Galanthus), que
en la cultura nórdica simbolizan la esperanza, la curación y el renacimiento.
El ángel: ¿niño o niña?
Es fácil que uno mismo se haga esta pregunta cuando observa en detalle la figura central, puesto que es un tanto andrógina. La suavidad de las facciones y el cabello largo sugieren sin embargo una identidad femenina, lo cual es común en la representación de seres espirituales. Y el hecho de que los porteadores sean dos niños varones con ropas oscuras y toscas resalta la fragilidad y delicadeza del ángel, tradicionalmente asociada en el arte de la época con lo femenino. Además, en el contexto del simbolismo finlandés, la figura del ángel herido a menudo se lee como una representación de la vulnerabilidad de la inocencia, personificada frecuentemente en una figura de niña o joven mujer.
Para Simberg, no obstante,
lo importante no era el género, sino la emoción de la escena. Él quería que el
espectador viera en el ángel su propio dolor o su propia fragilidad, sin
importar quién fuera.
Rompiendo la "cuarta pared"
Un detalle del cuadro que
impresiona es esa mirada que nos clava el niño de la derecha, reconociendo
nuestra presencia como público y generándose así una conexión emocional directa y ambigua. Con ello se destruye la ilusión de que la escena
es un mundo aislado, metiéndonos a nosotros en la historia. Ese efecto se llama
“romper la cuarta pared”, una pared invisible e imaginaria que separa a los
personajes de una obra (en teatro, cine o pintura) del público que los observa.
Se usa para crear complicidad, generar incomodidad o, como en el cuadro de
Simberg, para que sintamos que la escena nos interpela directamente. Pasamos de
ser simples observadores a ser "testigos" de lo que está pasando.
Los
análisis artísticos han especulado mucho sobre la intención de la mirada. Se
habla de la acusación y reproche
(señalando al espectador como
responsable del daño sufrido por el ángel o, al menos, como un testigo
indiferente ante el sufrimiento de la inocencia); del desafío y la confrontación
(con esa mirada seria y sombría, como si protegiera su carga de una posible
amenaza externa o cuestionara la moralidad de quien mira la escena desde fuera);
del involucramiento del espectador (el contacto visual saca al espectador de su
papel de observador pasivo y le obliga a participar en la melancolía de la
procesión. Es una herramienta del simbolismo para transmitir sentimientos
de culpa, empatía o responsabilidad por la fragilidad de la pureza en
un mundo hostil). Finalmente, se habla del reflejo de la propia lucha del autor,
del reflejo de su propio conflicto interno y la dureza del proceso de curación,
convirtiendo un dolor privado en una confrontación pública con el mundo.
El contrapunto: el niño
de la izquierda
La postura del niño de la
izquierda es igualmente enigmática y, aunque Hugo Simberg nunca dio una
interpretación definitiva, su actitud se analiza como el contrapunto perfecto
al niño de la derecha. Si uno nos desafía, el otro nos muestra la cara más pesada del deber y la tristeza. Su seriedad y
sus pasos cuidadosos transmiten una madurez forzada. Representa a los
niños que se ven obligados a enfrentarse al dolor, la enfermedad o la muerte
antes de tiempo, perdiendo su propia ligereza infantil en el proceso.
Y, de nuevo, la metáfora
de la enfermedad: conectando con el momento en el que Simberg pintó el cuadro, mientras
se recuperaba de la meningitis, este niño también podría representar la parte
de uno mismo que simplemente "sigue adelante" por inercia
durante el sufrimiento, concentrado solo en dar el siguiente paso hacia la
curación.
Las ropas oscuras de ambos niños a
menudo se han interpretado como trajes de luto o ropa formal
de funeral, reforzando la idea de que están participando en una procesión
fúnebre o en un acto de despedida de la inocencia.
Miradas eternamente enigmáticas
La mirada del niño en El ángel herido se considera un enigma "abierto" que ha generado décadas de teorías. Se ha especulado tanto con ella como con la de la Gioconda de Da Vinci. Y aunque hablamos de cuadros que pertenecen a épocas y estilos muy distintos, comparten esa capacidad de perseguir al espectador.
Ambas obras logran que,
te muevas hacia donde te muevas, sientas que los ojos del personaje te siguen.
Esto crea una conexión personal que hace que cada persona sienta algo diferente
frente al cuadro. Pero mientras que de la Mona Lisa nos preguntamos si sonríe o
está triste, el enigma del sentimiento del niño de Simberg es por si está enojado,
asustado o juzgándonos.
Leonardo no dejó notas
claras sobre el significado de su retrato, y Simberg fue aún más lejos al dejar
el título en blanco inicialmente para que nadie "contaminara" la
interpretación del público.
Finalmente, ambos cuadros comparten ese logro de haber sabido transmitir una identidad, nacional vs. universal: la Gioconda es el icono del Renacimiento italiano y mundial, mientras que El ángel herido fue votado en 2006 como la pintura nacional de Finlandia.
El mismo autor que pintó el cuadro preferido de los finlandeses pintó unos frescos en la Catedral de la bonita ciudad de Tampere que fueron muy polémicos durante muchos años, aunque a día de hoy se consideran obras maestras del Simbolismo finlandés. Pero esa historia la dejo para otro día.
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