miércoles, 2 de junio de 2010

La vida en el metro

Tanta gente entra y sale del metro cada día …

Qué chico tan atractivo. Repeinado y vestido de marca de arriba a abajo. Lleva una carpeta de la UB. Está claro que va a la facultad. Debe estudiar Ingeniería, se le ve muy reposado y concentrado en su lectura. Tal vez Económicas, no lo sé. Tiene toda la pinta de sacar buenas notas. Se ha pasado la Semana Santa esquiando, se le nota la marca de las gafas en la cara. Pero está acostumbrado a los peligros solares de la alta montaña: luce un bonito bronceado, señal que se ha puesto protección. Eeeeeooooo, el del jersey atado a la cintura, ¿escuchas mi mente? Estoy aquiiiiiiií … Aaaaiiii, podrías levantar la cabeza, ¿no?. Es igual, seguro que ya tiene novia. Además, parece más joven que yo. ¡Y encima no me gusta esquiar! Si es que no tendríamos nada que hacer ...

Bueno, ya están aquí los que faltaban. Los de la guitarra. Argentinos, lo he calado con la primera frase. Tocan muy bien. La música y la voz del que canta no molestan a los oídos, son suaves … Se marcharon de su país en busca de una vida mejor y en cierto modo lo han conseguido. Comparten piso, seguro. No creo que se puedan permitir un alquiler ellos solos. Esa voz denota una técnica trabajada, tienen estudios de música. Además han escogido una canción de película que no es nada fácil.

Esas chicas son compañeras de oficina. Se van a bajar en Maria Cristina, seguro que trabajan en la zona de la Illa. Llevan esa especie de maletín cuadrado tan “fashion” que sirve para llevar el tupper con la comida. Hoy comerán en el parque, hace un día radiante. Así les quedará un rato para ir de tiendas, se acerca el buen tiempo y apetece empezar a ver qué se llevará la próxima temporada.

Mira esos dos. Están en plena explosión amorosa. Seguro que son novios desde hace poco, ponen aquella cara que solemos poner todos cuando vemos estrellitas. ¡Y venga con los besos a las ocho de la mañana! No les importa que vayamos aquí como sardinas. No les altera lo más mínimo que nos estemos cargando entre todos nuestro propio espacio vital. ¿Espacio vital? Ellos están ahora mismo en el espacio interestelar, ¡viva el amor matutino en el metro de Barcelona!

¿Qué ocurre? ¡Ostras, qué fuerte! La gente del vagón está aplaudiendo en masa a los argentinos. Algunos incluso se han levantado de su asiento. Nunca había visto algo así. Lo sabía, sabía que eran buenos músicos. La gente aplaude porque aprecia su talento. La que trabaja en oficinas ha hecho un gesto muy rápido hacia los músicos señalando a su compañera: “Es su cumpleaños”. Los argentinos sonríen, se acercan a la protagonista y se arrancan con un melódico “cumpleaños feliz”. Hoy tendrán unas monedas extras. La espontaneidad del momento provoca una repentina escena bella, tierna y conmovedora. Nos miramos los unos a los otros con esa complicidad anónima de saber que la emoción está a punto de desbordarnos a muchos de los que estamos ahí como espectadores.

Plaça del Centre, mi parada. ¿Qué, esquiador? ¿Ahora miras? Ahora ya me toca bajar, hombre. A ver si tenemos suerte y coincidimos mañana. Acuérdate de subirte al mismo vagón a la misma hora, ¿vale?.